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Dirigir, no delegar

Reflexiones tras construir un portfolio en 2026. IA, iteración y por qué el criterio es más importante que nunca.

#ia#reflexiones#desarrollo

El default es genérico.

Hoy cualquier desarrollador está a 5 prompts de tener una web personal bonita. Hero con degradado, cards con iconos, animaciones suaves, totalmente responsive. Funciona. Es correcto. Y huele a IA desde el primer scroll.

Yo quería algo más. No un perfil de LinkedIn. No un CV en PDF. Algo mío —hecho con IA, sí, pero mío.

Cuando empecé, como de costumbre, se lo pedí a V0. Me dio exactamente eso: algo correcto, sin alma. Una plantilla con mis datos. Podría haberla publicado tal cual y no habría pasado nada. Estaba bien. Bastante bien, de hecho. Pero no me representaba.

//Dos formas de construir

En el trabajo, en proyectos con reglas claras, la IA es demoledora. Código predecible, sota-caballo-rey. Sabes el destino, tienes specs, tienes restricciones. La IA traza la ruta y tú la sigues. Funciona.

Este portfolio no era eso. No sabía a dónde iba hasta que me metí. Tenía que explorar, ir descubriendo. No quería oneshots, no me ayudaban. Es otro tipo de construcción. Y requiere otra forma de trabajar.

//Feedback loop más corto que nunca

Con IA puedes validar una idea en minutos. Quedarte con lo que funciona, descartar lo que no, pedir variaciones, combinar partes de respuestas diferentes. Antes eso tenía un coste. Ahora es casi gratis.

Este portfolio tiene unos 190 commits en poco más de 20 horas de trabajo efectivo. Pasos pequeños, uno detrás de otro. No escribí una sola línea de código manualmente, pero tampoco me quedé con lo primero que me dio la IA. Ni lo segundo. Ni, muchas veces, lo décimo.

La IA genera, yo dirijo. Rechazo, pido otra cosa, doy contexto, itero. Pero para que ese ciclo funcione, por el camino, la IA tiene que ir entendiendo cada vez mejor lo que busco.

//Construir contexto

Para que la IA me dé lo que quiero, tuve que entenderlo yo primero. Definir qué busco. Cómo pienso. Qué rechazo. Qué me representa.

Y no hablo solo del código. En una web, especialmente en un portfolio, el contenedor importa tanto como el contenido. La arquitectura, el diseño, las animaciones. Pero también los textos, el tono, la forma de contar las cosas. Todo tiene que ser coherente. Sentirse personal.

Eso se convirtió en documentos. Un comando /me que explica quién soy. Una filosofía de diseño que define qué es esta web y qué no. Guías de estilo para los textos. Contexto que la IA necesita para dejar de darme lo genérico.

No empecé con eso. Surgió de la necesidad. Del proceso de iterar y ver que sin ese contexto, las respuestas no convergían.

//Hacerlo bien ya no cuesta más

Martin Fowler tiene un artículo clásico sobre el coste de la calidad. La idea: los sistemas bien diseñados tardan más al principio, pero a partir de cierto punto superan a los mal diseñados en velocidad de desarrollo. Las líneas se cruzan.

Gráfica del valor del buen diseño
Design Payoff Line — Martin Fowler

Con IA, ese punto llega mucho antes. Casi desde el primer momento.

Esta web tiene su propio sistema de blog. Montarlo hoy es fácil; la IA te lo resuelve. Lo interesante es otra cosa: arquitectura hexagonal, DDD, testing, inyección de dependencias. Cosas que antes requerían disciplina y tiempo extra. Yo tenía un archivo de arquitectura de otro proyecto. Se lo pasé a la IA, le pedí el sistema de blog. Un prompt. Ese es el coste. Con buenas reglas, le cuesta lo mismo hacerlo bien que mal.

Y no solo eso. Un sistema predecible es predecible para todos: para los desarrolladores y para la IA. En un código caótico, la IA tiene que adivinar dónde va cada cosa. En una arquitectura limpia, el patrón es tan claro que se vuelve más precisa. Acierta más. Así de simple.

Ya no es una inversión a largo plazo. Es el punto de partida.

//El taste, también aquí

Linus Torvalds tiene una famosa charla donde muestra, con código, dos formas de resolver el mismo problema. Ambas funcionan, pero solo una muestra buen taste: es más elegante, elimina complejidad innecesaria. No es saber más. Es ver diferente.

Linus Torvalds on good taste in code

Desde que empecé a trabajar con IA, este término me ha resonado mucho. Buscamos optimizar los flujos, estandarizar. Creamos reglas, comandos, workflows. Y es lo correcto, es la base. Pero no es lo único.

Ahí es donde entra el taste. El "ojo". Olerte por dónde va a ir antes de que vaya. Saber qué no decir para no condicionar. Qué decir aunque parezca innecesario. Cuándo parar y cuándo seguir iterando.

Eso se gana con las horas. No hay atajo.


Hay una frase que se repite mucho: "La IA es un multiplicador". Normalmente se refiere a la capacidad de generar código, para lo bueno y para lo malo. Pero hay otro multiplicador del que se habla menos: las ganas.

Últimamente veo problemas que antes habría dejado pasar y pienso: esto lo puedo resolver. Me apetece resolverlo. Una herramienta interna que siempre quise montar. Un spike para probar una idea. Esta web. Cosas que antes no compensaban por el tiempo que llevaban. Ahora las veo viables.

Delegar es soltar. Dirigir es mantener el control sin hacer tú el trabajo. La tentación con IA es delegar: te da algo funcional en segundos. Pero si delegas el criterio, te quedas con lo genérico.

La velocidad la pone la IA. Lo que quieres construir, no.

Endika Orube
ESCRITO POREndika OrubeTech Lead & Manager | Product Engineer